“El amor es el deseo de obtener la amistad de una persona que nos atrae por su belleza.”  Marco Tulio Cicerón

Calle Real, Plaza de San Martín y Plaza Mayor

LA CALLE REAL/ LA PLAZA DE SAN MARTIN

Vamos a subir al “casco viejo” por la Calle Real, que sin duda ha tomado su nombre de las comitivas reales, que procedentes de cualquier parte, acometían la subida a lo alto por esta vía.- Digamos que esta calle nos llevará a la Plaza Mayor, y desde allí continuamos al Alcazar. Es el eje fundamental de una visita breve, pues buena parte de nuestros monumentos y nuestra historia, se han desarrollado en torno a él.

- Una de las subidas reales, de las que en una placa a la altura del Teatro Cervantes queda reflejada, es la que hizo Fernando el Católico, el marido de Isabel, cuando tras ser proclamada reina, y él ausente en Aragón, regresó a Segovia.-

San Martín

En este lugar existía una puerta, integrada en la muralla que rodeaba todo el peñasco, con unos 3,5 kms de longitud total.- Esta muralla tenía siete puertas, y cinco portillas, por las que se accedía al interior.- El paso del tiempo, la ruina, y sobre todo el bien o mal llamado progreso, han hecho a lo largo de la historia que se tuvieran que derribar.

La misma suerte que ha corrido la que en lo alto de la cuesta de San Juan hubo, entre la casa –llamada- de las Cadenas, y la de “El Marqués de Lozoya”.- De las que sobreviven, dos merecen especial atención, la de San Andrés, de la que también hablaremos, y la de Santiago, ésta última en el lado Norte, y próxima al Alcázar; ya que otra, la de San Cebrián, entre el Hospital de la Misericordia, y el convento de la Santa Cruz, que podemos ver en la actualidad, no es la original, habiéndose derribado y construido más tarde en el lugar la actual, mucho más sencilla.

- Pues bien, estamos delante de la puerta de San Martín, y sentimos como el Rey Fernando, está malhumorado y disgustado, porque le piden que jure una condición, por la que su esposa la Reina, será Reina en Castilla, por encima de su marido.- Más tarde vendría el “tanto monta, monta tanto”.-

Casa de Los Picos

Si el Rey, hubiera girado su vista a la izquierda, a través del mirador de la “Canaleja”, hubiera contemplado como nosotros ahora, allá a lo lejos, la sierra de la Mujer Muerta, inconfundible.- Dice la leyenda, que dos hermanos, guerreros y pendencieros, incluso entre ellos mismos, no dejaban de pelear.

- Su madre mientras vivió, supo mantener la paz, pero a su muerte, no le quedó más remedio, que crecer haciéndose montaña infranqueable entre ambos, para evitar sus continuas riñas.- Más cerca, mucho más cerca, aquí debajo, en el arrabal, los ojos se nos van a un ejemplo del mejor románico segoviano, ahora casi oculto por nuevas edificaciones, la iglesia de San Millán, de la que hablaremos luego.- Por fin accede el Rey, a las pretensiones de quienes no le quieren permitir el paso franco a la Ciudad, y suponemos sigue por la calle real, en busca de Isabel.- Nosotros también seguimos, y a la derecha, lo primero que vemos es una casa señorial, antigua, con una fachada original al máximo, que por verla todos los días, no reparamos tanto en ella.

- Mirad a vuestro lado, y ver las caras de asombro, de quienes rápidamente adivinamos no ser segovianos: La casa de los Picos.- ¿Que capricho llevó a su dueño, a ser tan original con semejante decoración?.- Otra vez la historia y la leyenda, se mezclan y nos razonan.- En el Reinado de los Católicos, no vamos a entrar en razones, a los judios, se les expulsa de Castilla y del resto de lo que iba a ser España.- Algunos pudieron quedarse si se convertían al cristianismo, pero los que no lo hicieron tuvieron que abandonar cuanto poseían, que no pudieran llevarse consigo.

- Sabemos de ellos, como un pueblo, inteligente, comerciante, emprendedor; clase pudiente dentro del orden social de cualquier ciudad, y de cualquier época.- Entonces y en Segovia, no fue menos, y por ello, parte de las mejores mansiones existentes, eran las suyas.- Y esta “casa” de uno de ellos.-

Juan Bravo

Al parecer la adquirió luego, un acaudalado prohombre de nuestra ciudad, pero el vulgo de la ciudadanía, siempre la conoció por sus orígenes: “La casa del Judío”.- Tanto disgusto acarreaba a su nuevo dueño el apelativo, que como idea no se le ocurrió otra cosa, que adornarla de la forma que ahora la vemos. Y verdad, que supo cambiarle el nombre.

- Por la puerta de San Martín, hemos entrado a la “Ciudad”, la calle, estamos pisando la principal, está empedrada, y con frecuencia vamos a ver, portalones, fachadas de edificios que nos denotan que los “importantes” viven ya por estos lugares.- La Alhóndiga la dejamos a la izquierda, es un gran almacén para grano, ¡la conservamos casi intacta!.- Y de repente se abre a nosotros, la Plaza más hermosa de la Ciudad, la de San Martín, Las Sirenas, Medina del Campo, por cualquiera de ellos se la conoce.- Los palacios de estilo italianizante, y la iglesia de San Martín, junto con el torreón, mal llamado de Lozoya, la configuran.

- Uno de estos palacios, es llamado la Casa de Juan Bravo, de suyo una estatua del Comunero, enfrente del edificio parece autentificarlo, pero no es así.- Esta plaza, ordenada en terrazas, parece que al pasarla, pueda dejarnos a nuestras espaldas los ecos de las arengas, a quienes van a luchar contra el Emperador Carlos, desde una de sus alturas.- Luego tendremos la cárcel vieja, hoy biblioteca .

- Se dice que Lope de Vega, estuvo preso aquí.- Cuando llegamos a un ensanchamiento de la calle, que casi se convierte en Plaza, la de Corpus, estamos ante la entrada a la antigua sinagoga mayor, y por una calle estrecha a la izquierda entraríamos en la juderías; pero por el momento vamos a dejar estas aventuras para mas tarde, y nada nos detendrá de continuar por la calle Real, hasta desembocar en la Plaza Mayor.

- Una persona no segoviana pero amante de Segovia, me decía hace años, que no era una plaza bonita, pero que sin embargo, era una de las plazas más vivas que él conocía.- En nuestra opinión, seguramente ha perdido con el paso de los años algo de esta vivacidad, porque al haber crecido Segovia, y haberse creado otros núcleos de paseo, y solaz, así como retirado el tráfico, por otro de manera necesaria, el bullicio que ahora vive en ella, sobre todo en los días de buen tiempo, es más monocromo, a lo que también ha contribuido el nuevo solado de toda la Plaza.

- Y es que dentro de su trazado irregular, al primer lugar que se nos desvía, la vista, es a la inmensa mole de la Catedral, luego vemos edificios con soportales, y otros sin ellos, la iglesia de San Miguel, está enfrente de la Catedral, un lateral, le ocupa el viejo teatro “Juan Bravo”, creo que desde 1917, el Ayuntamiento, granítico y clásico, se alinea con otros edificios, con coloristas terrazas de los múltiples bares y restaurantes, y en el centro de todo ella un templete de música.-

Juan Bravo y escaleras

No es antiguo, porque el que hubo hace bastantes años, algún munícipe le mandó retirar, pero luego se han instalado otro parecido, otorgando en todo momento al conjunto, un aire de ciudad provinciana, y verdadera. Como de verdad somos.- ¿Y este ruido? ¿Y estas aclamaciones?, Hemos retrocedido por unos instantes a 1.474, al 13 de diciembre, para ser más exactos, y según figura en el frontal de la actual iglesia de San Miguel, y nos hemos quedado perplejos; La princesa Isabel de Castilla, hermanastra de nuestro Rey, fallecido hace dos días en las proximidades de Madrid, avanza en un caballo blanco, entre las gentes.

- Va a ser proclamada Reina de Castilla, delante del atrio de la Iglesia.- Una iglesia más pequeña y modesta que la que ahora existe, seguramente románica, y que sin duda sucumbió, al paso del tiempo, y de las guerras.- Dicen que no todos los que la aclaman han venido de buen grado, y que a algunos les han tenido que ir a buscar porque estaban en otros cometidos, o se les había olvidado el detalle de acompañar a la Princesa; y es que había más pretendientes al trono de Castilla, otras opiniones, otras ideas. Las discrepancias no son cosa de ahora mismo. Al fin ha sido proclamada Reina.- Los líos vendrán luego.- Nosotros nos vamos a detener en la Catedral un rato.-